Esta máquina
impresora de origen francés,
llegó al pueblo el 19 de
mayo de 1871 destinada a imprimir El Monitor
de la Campaña, primer órgano defensor de los
intereses rurales de la provincia.
Su llegada a la imprenta Escolástica de la
Plaza de la Concordia, hoy Plaza San Martín,
trajo para el habitante de la campaña la
posibilidad de comunicación.
Según el testimonio oral de Juan
Carlos Isaías Sastre (tataranieto de Marcos
Sastre), “esta impresora es la que en el año
1852 cuando Domingo F. Sarmiento integraba una
numerosa columna del Ejército Grande, cumpliendo
la tarea de “boletinero”, utilizaba una
rudimentaria imprenta de campaña que se
transportaba en una carreta, para emitir los
partes diarios”. El entonces Alférez Bartolomé
Mitre formaba parte del estado mayor.
Posteriormente Sarmiento, antes de ser
Presidente de la Nación, le vende esta máquina a
Marcos Sastre, quien la instala en un colegio de
Luján y cuando lo nombran en 1871 Director
General de Escuelas, se la cede o vende a
Manuel Cruz". En mayo de 1871, fue transportada
desde la Villa de Luján hasta Capilla del Señor,
por dos carros en lento y penoso viaje. Ángel J.
Carranza, Pedro Quiroga y Martín Coronado fueron
los encargados de la azarosa empresa.
Aparte del
histórico periódico, uno de los primeros de la
provincia de Buenos Aires, de esta impresora
salió el primer libro editado en la campaña: Alfabeto Moral de la Juventud Argentina de don José Feliciano Cruz, un maestro rural
con 40 años de acción en la zona; Nuevo
Arte de Domar Caballos de don J. S.
Ravey; y Catecismo, del Padre
Astete, que en número de 3.000 se distribuyó en
la parroquia. La impresora de El Monitor de la
Campaña, fabricada por los talleres Marinoni de
París, recorrió durante casi 100 años la
República Argentina, sembrando ideas. Ha sido
rescatada por la Municipalidad, el 13 de
septiembre de 1968, por el testimonio que
representa en la historia de este pueblo.
Es una impresora plana que
necesita de dos personas para funcionar, una que
acciona el volante y la otra alcanza y arrima
las hojas para que imprima. Imprimía 300
piezas por hora. La diferencia con otras
impresoras era su sistema mecanizado y la gran
cantidad de piezas por hora que podía realizar,
además de ser una máquina plana.
Esta impresora "Marinoni"
funcionó el día de la inauguración del Museo del
Periodismo Bonaerense y fue una de las máquinas
más avanzadas de la época (1860-1870).